Sobre Thanos, la Incertidumbre Cuántica, y ganarme la lotería

El Principio de Incertidumbre establece que ninguna medida tomada sobre un fenómeno físico puede ser arbitrariamente precisa en un dominio, sin sacrificar la precisión en otro. Por ejemplo: Se puede medir de una manera muy precisa la velocidad de una partícula, pero cuando se hace eso, inmediatamente se induce error en la medida de posición, o viceversa. Es una manera elegante en la que el Universo nos dice que tiene secretos que quizás no lleguemos a conocer nunca. Y es que no se trata simplemente de una imposibilidad derivada de la falta de precisión de nuestros instrumentos de medida, es una ley física.

La cosa es que ante un fenómeno que se desea medir, el observador afecta la medida, provocando cambios impredecibles y generando un resultado incierto. A escalas suficientemente pequeñas, en las que por ejemplo se desea medir el comportamiento de un solo electrón, esta interacción entre el fenómeno y el observador es bastante importante. Es algo parecido al experimento hipotético de Gato de Schrödinger: El gato no está ni vivo ni muerto hasta que el observador hace colapsar la función de onda cuántica, e influye en el resultado, o en otras palabras, el gato está al mismo tiempo vivo y muerto hasta que el observador interviene.

Desde la antigua Grecia, pasando por la etapa de dominio judeo–cristiano en occidente (no sé por qué a esta etapa se le llama injustamente oscurantismo), y hasta nuestros días, tenemos la idea de una realidad objetiva, que es como ella es, sin importar quien la observe. La mecánica cuántica establece que en ciertas condiciones influimos de manera importante como observadores en esa realidad, alterando el resultado de un fenómeno. Justamente en estos días estaba leyendo al psicólogo Walter Riso, quien dice que la realidad es objetiva (es como ella es), pero que nosotros le damos el contexto a nuestra mente para convertirla en experiencias agradables o desagradables. En otras palabras: no se puede influir en muchos de los aspectos de la realidad que nos rodea, pero sí se puede tener cierto control en como percibimos esa realidad, de manera que nos ayude o nos perjudique.

Lo que parece decir la mecánica cuántica va en sentido completamente contrario. No se trata de darle un contexto particular a una realidad que es inmutable o está lejos de nuestro control, sino que con observar dicha realidad, ya estamos influyendo en ella. Es una idea tentadora: Puedo controlar el universo con mi mente, provocar cambios externos a mí con solo pensarlo. Cambio el contexto que le doy en mis pensamientos a la realidad y esta se ve afectada por lo que pienso de ella. Amigo lector, no se asuste, no estoy pensando en fundar una religión o en venderle un taller de Coaching, aunque debería. Si la realidad estuviera influenciada de esa manera por lo que pensamos, yo podría imaginarme que todas las deudas que tengo están pagas, o que en Colombia se acaben los uribistas, y ¡plop!, cual chasqueo de dedos de Thanos, mis pensamientos cambiarían la realidad.

Stephen Hawking explicaba lo raro que se vería el mundo si en algún momento se pudiera revertir la entropía (también hay un cuento muy entretenido sobre lo mismo de Isaac Azimov). Contaba el difunto que si la entropía se pudiera revertir, uno tendría la oportunidad de ver los pedazos de un pocillo juntándose en el piso, al café con leche meterse dentro del pocillo, y luego ver como se suben juntos al borde de la mesa. El método científico tiene una base experimental, y todos tenemos claro que uno se puede herniar pensando que semejante cosa ocurra, y que pese a eso la realidad no se va a ajustar a lo que yo deseo o espero de ella (tengo alguna esperanza todavía con el asunto de los uribistas). Ganarse la lotería, la paz mundial, acabar con la contaminación, son ciertamente cosas deseables y todos tendremos alguna influencia en lograrlas, pero no van a llegar con solo cambiar nuestro contexto mental.

Uno puede dar otra vuelta de tuerca al asunto valiéndose de otra vertiente actual de la física moderna. Muchos estudios serios (advierto por delante que no es ciencia ficción o charlatanería) están explorando la posibilidad de que el Espacio–tiempo sea discreto (o sea que exista solo en ciertos puntos y en otros no, como cuando se mira la pantalla de una celular o de un computador muy de cerca), lo que abriría la posibilidad a que el Universo sea una simulación. Hay muchos estudios tendientes a validar esa hipótesis y algunas construcciones teóricas de la física que sugieren por ejemplo que la tercera dimensión de nuestra realidad parece innecesaria (ver el Principio Holográfico).

Si yo fuera a implementar una simulación con seres pensantes en ella, trataría de impedirles que se den cuenta de su situación. Una forma de hacerlo sería ponerle reglas o límites a lo que pueden saber o aprender de su entorno. El Principio de Incertidumbre es un ejemplo fabuloso de esto, pero también lo es el hecho que el Universo se esté expandiendo (y que la Entropía este aumentando continuamente) y que nada pueda viajar más rápido que la luz (gracias Einstein). Por esto último es que ya tenemos claro que nunca podremos llegar al límite del Universo (si es que lo hay) y asomarnos a ver que hay más allá. Si se tratase de una simulación, nuestro Universo parece diseñado de manera muy conveniente para impedirnos caer en cuenta que estamos en la inmunda.

Entonces habría que revisar nuevamente la naturaleza de esta interacción nuestra con el entorno a la luz de la teoría de la simulación. Una primera visión (la griega o judeo–cristiana) establece que la realidad es objetiva, o que ocurre por voluntad de un ser superior. Nosotros no podemos hacer mucho ahí, y solo debemos resignarnos a lo que pasa en el Universo, con la excepción muy limitada de hacer algunos cambios pequeños en nuestra realidad. La otra opción es que nuestra percepción, o dicho de otra manera, la copia que tenemos de la realidad en nuestra mente, afecta la realidad directamente, logrando las cosas con solo desearlas. En este punto es que un experto en Coaching le diría que no es que Usted esté impedido para hacer esto o aquello, sino que no lo desea lo suficiente. En la visión del Espacio–tiempo cuantizado, la realidad sería el resultado de la interacción entre el simulador y los entes pensantes que viven en la simulación.

Si la idea es no dejar que los entes pensantes caigan en cuenta que hacen parte de la simulación, no me parece descabellado pensar que el programador haya agregado algunas reglas especiales como excepción a las generales, mencionadas antes. Dejar que ocurran cosas excepcionales de vez en cuando, para que  los conejillos de indias no caigan en cuenta de su jaula. La idea de un dios me parece muy rentable si lo que se quiere es desviar la atención sobre la naturaleza misma de la realidad. Igual puede pasar con los milagros, o el destino, o las premoniciones, o el hablar con los muertos. Todo eso queda perfectamente justificado, al igual que el efecto placebo o las curas milagrosas. Los que medio programamos imaginamos una estructura especial con un gran if, en la que la mayoría de las veces la realidad genera una respuesta esperada (o en palabras de un físico, la función cuántica colapsa en el estado de mayor probabilidad). Sin embargo, hay un else en el que la respuesta dista mucho de ser la esperada y en la que la interacción con la realidad hace colapsar la función en estados o realidades poco probables.

Si el asunto de la simulación le parece demasiado rebuscado, le recuerdo que Usted mismo, amigo lector, ejecuta un simulador de la realidad del Universo casi todas las noches, solo que muchas veces no se acuerda. Además que el estado del arte parece apuntar que la primera función de nuestro cerebro es justamente la de simular la realidad para anticipar los efectos de nuestro movimiento en el entorno. En ingeniería hay una copia pobre de esta estrategia, llamada Predictor de Smith.

Quizás ahora sí sea el momento de considerar en serio lo del taller de Coaching, o lo de la religión nueva. Yo sigo trabajando para ayudarle al simulador a mantenerme con vida, y comprando lotería con la esperanza que me toque en algún momento algún else que me favorezca. Aunque lo de trabajando sea un eufemismo considerando el tiempo que le invierto a estas pendejadas.

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